La comunidad del taller 25/06/2921

María del Rosario López dirige Talleres Toscano, un negocio de reparación de vehículos ubicado en Rociana del Condado (Huelva) que en el año 2015 amplió los servicios que ya tenía con la carrocería. Fue entonces cuando, según explica, comprendió la gravedad de una situación de la que culpa directamente a los talleres por su “pasividad ante la situación que se vive actualmente en el sector”.

Según recoge la entrevista publicada en la web de Altayr, se define a sí misma como “una persona que se rebela contra las injusticias”. Situaciones que desde su punto de vista viven su máxima expresión en la relación entre talleres y aseguradoras: “A mí hay una cosa que me enfada mucho y es que venga alguien de fuera a decirte qué tienes que hacer en tu casa cuando eres tú quien conoce tu empresa y el profesional del sector”.

Desde su punto de vista, “si todos los talleres, concertados o no, nos plantáramos y reclamáramos que partimos de un coste que hay que respetar, otro gallo cantaría. Las compañías no pueden pagarnos el precio que a ellas les convenga atendiendo a criterios tan subjetivos como la zona porque cada taller tiene su idiosincrasia”.

¿Cómo salir de esas presiones? Primero, con gestión. Segundo, valorando el tiempo invertido, no sólo en el trabajo propiamente dicho sobre el vehículo, sino también en aquel empleado en hacer que las cuentas cuadren: “Hay un factor muy importante y que, en ocasiones, no se contempla que es el tiempo. A menudo, hacemos números y lo único que vemos son beneficios o pérdidas. Pero no tenemos en cuenta el tiempo que dedicamos para obtener esos números, tiempo que dejamos de dedicarle a nuestras familias. Porque ser autónomo no tiene por qué ser sinónimo de condenado, sino una forma de vida más. Hasta que todos los talleres entendamos eso, habrá quien se siga beneficiando a costa de nuestro trabajo”.

El tercer punto, según su percepción, es asociarse para llevar hacia adelante las reclamaciones oportunas ante las compañías de seguro: “En Altayr contamos con un gerente, con abogados y con compañeros que viven tu mismo día a día laboral. Todo ello nos aporta conocimientos en el ámbito de la gestión empresarial, apoyo en los temas legales y ese sentimiento de grupo. Gracias a Altayr podemos conseguir que se nos escuche porque nuestra voz suena más fuerte que si la alzamos de manera individual”.

Habla, dice, desde la propia experiencia: “Cuando en Talleres Toscano hicimos nuestra primera reclamación, tuvimos miedo de que tiraran nuestra imagen por tierra, al veto… Pero el asesoramiento y apoyo de todo el equipo de Altayr hicieron que no hayamos vuelto a tener ese sentimiento. Además, contamos con el apoyo de nuestra clientela, que confía en nosotros por encima de todo”.

Preguntada por su visión acerca de los talleres concertados, se explica con claridad: “Como mi taller no es concertado, hablo desde la suposición. Y yo imagino que compañía de seguros y taller concertado se sientan a negociar unas condiciones, si bien será la primera la que imponga su postura porque es la que supedita dar o no trabajo a la aceptación de su precio de mano de obra. Por tanto, creo que los talleres concertados no son libres y que viven con miedo. Porque si me derivan ‘X’ trabajo, debo tener una infraestructura creada y un equipo humano, pero… ¿qué pasa si me retiran ese ‘apoyo’?”.

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