Huelva Buenas Noticias 30/10/2021

Antonio Delgado Pinto. El siglo XX comenzó a desperezarse en nuestra provincia entre el humo de los trenes a vapor que transportaban el mineral hasta los muelles de embarque, las faenas marineras en los puertos, la agricultura cada vez más pujante y las distintas industrias que empezaban a despuntar en las diferentes comarcas.

Traemos hoy cinco construcciones que vieron la luz en esa época convulsa y al mismo tiempo de progreso que fueron los primeros años del siglo pasado.

Magnífica fachada de la bodega San Antonio.

BODEGAS SAN ANTONIO. Bodega decimonónica en Rociana

En una de sus puertas campea la fecha de 1900 aunque la construcción de la bodega debe de ser unos años anterior. Su época de apogeo coincidió con las décadas centrales del siglo XX, cuando mayor producción vitivinícola hubo en la zona. Poco después, a partir de los años setenta del pasado siglo, el declive de la agricultura y las nuevas directrices agrarias europeas llevaron a un total abandono a esta y a la mayor parte de las bodegas del Condado de Huelva.

Es notorio el parecido de este frontal que podemos ver en la fotografía con la fachada de la bodega Domecq, de la que hablamos hace unas semanas; no en vano, son dos edificaciones industriales del mismo periodo.

Brocal gigantesco del pozo del Inglesillo.

POZO DEL INGLESILLO. Un gigante en medio de las dunas de Doñana

El municipio de Almonte es generoso en lugares tan interesantes como desconocidos. Hace algunas semanas traíamos hasta estas páginas los cuarteles de Doñana, todos ellos en término municipal de Almonte, donde escribía de pasada sobre este extraño pozo.

Las dunas móviles de esta zona han ido desplazando sus arenas hasta el punto en que ha habido que ir recreciendo el brocal del pozo para que este no quedase enterrado. Actualmente puede verse cómo solo está blanqueado en su parte inferior, la más antigua, siendo todos los segmentos superiores mucho más recientes, ya que eran construidos a medida que la duna iba cubriendo el lugar. Una vez retiradas las arenas móviles, las sucesivas ampliaciones del brocal han quedado a la vista, como si de un gigante cilíndrico de ladrillos se tratase.

El desaparecido Postigo del Aceite en medio del viñedo.

POSTIGO DEL ACEITE. Una puerta hacia ninguna parte

Hasta hace solo unas semanas esta solitaria puerta se levantaba en medio de un viñedo. Ubicada en una de mis rutas de bicicleta, se había convertido en una especie de monumento muy familiar para mí, no había día en que no me fijase en ella, preguntándome cuál habría sido su cometido, ya que no conectaba con ningún lugar al que entrar o del que salir.

He tenido que esperar hasta después de su reciente demolición para que mi amigo José Fernando Alcántara me descubriese que se trataba del llamado Postigo del Aceite, único resto de una antigua almazara que se levantó en este lugar, donde en esa época había además un extenso olivar, también hoy desaparecido.

La subestación eléctrica oteando el norte de la Cuenca Minera.

SUBESTACIÓN ELÉCTRICA. Vigilando el embalse de Gossan-Cobre

Se levanta en una colina al sur del embalse Gossan-Cobre y no lejos de las construcciones de Peña de Hierro. Tal como reza una placa de cerámica en el triángulo de uno de sus laterales, fue construida en 1926, con la finalidad de abastecer de electricidad a las viviendas, a los talleres, a los laboratorios y a las demás dependencias mineras de la zona.

Al igual que una cercana hilera de viviendas y algunas otras construcciones, está abandonada desde hace más de treinta años, pero en el edificio vacío, amplio y ruinoso de hoy día aún puede verse la solidez de su construcción.

La almadraba Nueva Umbría vista desde el río Piedras.

ALMADRABA NUEVA UMBRÍA. Un poblado entre dos aguas

A mediados de los años ochenta, acompañado por algunos de los marineros más viejos de El Rompido, atravesé por primera vez el río Piedras. En la otra orilla me esperaba la sorpresa de un poblado abandonado: la almadraba Nueva Umbría, un conjunto de viviendas y edificaciones industriales marineras, ubicado en esa península en constante crecimiento que conocemos como la Flecha de El Rompido.

Este poblado fue edificado para albergar a los marineros que trabajaban en la pesca del atún, en la almadraba del mismo nombre. En este núcleo, que incluso disponía de escuela, botiquín, comercio y barbería, llegaron a vivir más de novecientas personas entre 1929 y 1963, último año en que se caló dicha almadraba.

Aún pueden verse entre la maleza algunas manzanas de viviendas, la casa del capitán, las calderas de alquitrán, la chimenea, las dos naves dedicadas a almacén y el muelle de atraque, sumergido con la marea alta.

Recientemente se ha presentado un proyecto de rehabilitación. Esperemos que sus resultados sean al menos parecidos a los de la almadraba Três Irmãos o de Barril, al oeste de Tavira.

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